UNA MIRADA OBJETIVA SOBRE EL BARBIJO

Nuestro organismo es un gran ecosistema; en él habitan en simbiosis beneficiosa aproximadamente 39 billones de microbios (esto es aprox. 2kg de nuestro peso total), 60 billones de virus, miles de millones de hongos, ácaros, helmintos (gusanos), protozoos y ectoparásitos, es decir…¡no estamos solos! Gracias a ésta peculiar asociación, en su correcta armonía, es que podemos funcionar de manera saludable en nuestro diario vivir. Quizá esto parezca asombroso o genere un poco de repulsión saber que en el proceso vital no hay nada estéril; esto se debe a una percepción equivocada que viene del siglo XIX, cuando se descubrieron los primeros microorganismos causantes de enfermedades. Entonces se estableció un sinónimo de microbio-enfermedad, lo que es un error que hasta el día de hoy es sostenido desde propagandas y creencias irracionales colectivas. La microbiología contemporánea pudo demostrar que el 99,99% de los microorganismos que coexisten con el ser humano son indiferentes e incluso beneficiosos para la salud del mismo.

Sin microbioma (cantidad total de microorganismos que habitan en diferentes tejidos de nuestro cuerpo) no sería posible sobrevivir, son muchísimas las funciones implicadas de estos para que nuestro organismo esté saludable, algunas de ellas son protegernos contra agentes patógenos (tipos de microorganismos y toxinas que sí ponen en riesgo nuestro equilibrio saludable), estimular el sistema de defensas, desdoblar algunos tipos de alimentos para que sean digeribles, suministrarnos micronutrientes como las vitaminas, y hasta importantísimas funciones estimuladoras o productoras de ciertos neurotransmisores como dopamina y serotonina (90% aprox. gracias a la flora intestinal) por lo cual podemos entender que el microbioma puede relacionarse con el comportamiento y estado psicológico.

Una vez asimilado el concepto de cómo está compuesto nuestro cuerpo físico —respecto a toxinas— es viable preguntarse ahora qué tan beneficioso puede resultarnos el uso prolongado de un barbijo, que si bien nos “aísla” del contagio del virus que “paralizó al mundo”, es un arma de doble filo. Nuestro organismo fue creado para respirar sin inhalar las mismas toxinas y el dióxido de carbono que depositamos al exhalar en ese trozo de fibra —quasi pegado a nuestras narinas y boca— al exhalar o hablar. La nueva disposición sanitaria provoca que quienes trabajan en ambientes cerrados sientan cansancio a las pocas horas de comenzar su tarea, precisamente, porque la función respiratoria está siendo afectada.

Nuestro microbioma está en constante dinámica y precisa de cierta armonía para funcionar de manera saludable, es decir, el factor salud-enfermedad no dependerá únicamente de que no habiten en el ambiente que nos rodea ciertos patógenos dañinos, sino también, de que las materias primas de las cuales nos alimentamos sean las adecuadas, así como también dependerá que el estado de estrés sea modulado y nuestra respiración sea la correcta. Para mantenernos sanos es imprescindible —ahora más que nunca— hacer ejercicio físico como modo de mantener un organismo activo y funcional, el sistema inmunológico a diferencia de el sistema cardiovascular, es un sistema sin bomba, por lo que precisa del movimiento físico para su correcto drenaje y así llegar desde las linfas a todas partes y poder cumplir su función protegiéndonos de patógenos y eliminando toxinas. La salud y bienestar psíquico-emocional —que hoy día corren más riesgo que antes de la aparición del SARS, por la predominancia del miedo, el aislamiento y otras consecuencias— es de vital importancia ya que afecta directamente sobre todo el organismo. Lo psíquico impacta sobre el sistema nervioso y este sobre diferentes órganos, sistemas y equilibrios electrolíticos de cada flora en cada tejido. Somos todo un organismo interrelacionado.

Retomando lo que al uso del barbijo refiere, cuando expresé en anteriores líneas que es un arma de doble filo, lo hice y lo suscribo porque no nacimos preparados para usarlo; ni dos horas de corrido, mucho menos durante toda la jornada laboral. Esto conlleva a que sin saber que hemos contactado un área contagiada de cualquier patógeno, al tocar éste trozo de fibra, lo inhalaremos. Y si estamos contagiados, al tocarlo, nuestros dedos serán los portadores.

Con ésta mirada sobre el uso obligatorio del barbijo no me rebelo a su uso, sí trato de colaborar en la concientización acerca de lo que su uso nos supone (aumento del estrés psicológico y del sistema respiratorio).

Fui contagiada de COVID-19 usándolo mientras la médica que me atendía, sentada detrás de su escritorio, se lo acomodaba casi sin darse cuenta; ignorando por completo que estaba cursando la virosis.


Información científica brindada por el Licenciado en Psicoinmunoendocrinología, Tec. Homeópata y Fitoterapeuta Diego Velázquez, Uruguay.

CONTACTO: +598 96 212 232

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